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Aunque ahora puede parecer que existen desde siempre, nada está más lejos de la realidad, de hecho tardó siglos en ser aceptado en nuestras mesas ya que gracias a la torpeza en el uso de la herramienta, conseguía causar heridas en la cara, boca y dientes, San Pedro Damián llegó a llamarlos “instrumentum diaboli“.

El tenedor es un utensilio de cocina, para el servicio o para la mesa. Tiene forma de horquilla con dos, tres o cuatro dientes. Los primeros tenedores eran considerados una joya de orfebrería, podían tener el mango plegable y se guardaban en un estuche.

El tenedor en Europa

Los inicios del tenedor o pincho se remontan hacia la Grecia clásica para servir comidas y ayudarse a comer con el mismo, pero a pesar de estos hechos, el tenedor no se utilizó hasta muchos siglos después en todo Europa, siendo introducido en el año 1077 por la princesa Teodora, hija del emperador Bizancio Constantino Ducas, proviniendo de Costantinopla.

Teodora al haberse casado con Domenico Selvo, hijo del Duque de Venecia, intenta incorporar este (para ese entonces) curioso elemento que acompañaría la mesa. Para ese entonces, los europeos utilizaban como únicos elementos para comer sus propios dedos, siguiendo estrictas reglas pautadas por la realeza de los modales del buen comer y la refinadez.

Como era de esperarse, los resultados no fueron muy favorecedores para la Princesa. Los comensales no se hallaban cómodos con semejante pincho en las manos, concluyendo la comida con numerosas pinchaduras en la lengua, los labios, la garganta y las manos debido a la falta de conocimiento y dominación del simple tenedor.

En 1547, Enrique III de Francia descubrió en Venecia que la familia real utilizaba un tenedor de dos dientes. El mismo impulso esa moda en su país, le pareció un instrumento cómodo para llevarse los alimentos a la boca, para comer sin mancharse las por encima de las altas gorgueras almidonadas, que estaban de moda en aquella época.

Sin embargo, la utilización del tenedor no se hizo popular hasta el siglo XVIII. Luis XIV todavía comía con los dedos, como casi todo el mundo en la época. Y más tarde con Luis XVI no era extraño ver comer al rey y a su corte “con la punta del cuchillo“.

Poco a poco, lo tenedores fueron ganando protagonismo y dientes, pasaron a tener tres y más tarde cuatro. Hoy en día, solamente el tenedor de asados, que utilizamos en la cocina para pinchas aves y pescados, tiene dos dientes, largos y finos.

Los tenedores de mesa tienen formas más diversas. Algunos tenedores de servicio van emparejados con una cuchara, como los cubiertos de ensaladas o con cuchillo como los de servicio de trinchado, lo mismo que los tenedores de mesa para pescado y fruta.

El tamaño varía tenemos incluso el tenedor pequeño para pasteles. Suelen ser de metal. También tenemos tenedores de forma especial destinados a un empleo concreto, tenedores para caracoles, para angulas, para ostras, para mariscos o para fondue.

Ya en España, se empieza a generalizar el uso a principios del siglo XIX. La primera fábrica de tenedores se instalo en Barcelona.


   


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