Le pedimos prestado a su autora partes de un reportaje a Blanca Cotta, ya que la muestra tal cual es.
Ademas es el modelo de cocina que a mi me encanta
Abuela Berta

 Por María Moreno   Pagina 12  publicado 7 de junio de 2002


La cocina de lo que hay

Blanca Cotta es famosa por escribir sus recetas como si fueran cartas personales, por recomendar sólo ingredientes que pueden conseguirse en el almacén del barrio y por durar en un tiempo en que los chefs se reproducen como conejos.

Blanca Cotta enseña a cocinar no sólo con lo que puede encontrarse en el súper sino en el almacén del barrio, donde el máximo exotismo son las aceitunas en salmuera y el polvo Royal.

Yo jamás estudié cocina. Mi cocina es la cocina heredada, la que hacía mi madre, que cocinaba muy bien. Primero pruebo la receta yo. Si me sale un masacote, no la publico, por respeto al lector. Por ejemplo, el pan árabe. Por más que busqué en montones de libros, no me salía en dos hojas sin nada de miga hasta que descubrí el secreto. El arte está en decomisar las cosas que te salen mal antes de que te abucheen. Y cocino con ingredientes que puede conseguir la mayoría de la gente, no sólo la sofisticada. No te voy a dar ni ostras ni ese polvillo ahumado que se pone para dar mayor gusto. Cuando estaban caros los champignones no los mencionaba, y lo mismo pasa con otros productos. Yo soy de una época donde para cocinar ante la cámara había que llevar los pasos hechos: simulabas que metías algo crudo en el horno y al rato lo sacabas y estaba listo.

Ahora, una mujer que trabaja no puede perder tiempo con la cocina. Por ejemplo, si quiere hacer algo con levadura, tiene que tener tiempo. Cuando trabajo con la levadura, estrello la masa con bronca ,Golpeo, golpeo, golpeo y me sale liviana.

Un día fui a una reunión de empresarios en el Alvear y me trajeron una sopa crema de mejillones. Cuando vi a todos esos bichos flotando ahí, el estómago se me retorció. Y dije: “¡Qué lástima que tenga un ataque al hígado!”. Tuvieron que prepararme especialmente zapallo hervido y papa. ¿Ostras? ¡Puaj! ¡Y encima comerlas vivas! Una vez estábamos con Carlos en un lugar de veraneo. Era una de nuestras primeras salidas oficiales. Se decidió democráticamente comer calamaretis fritos. No dije nada y me los comí. “¡Qué rica salsita!”, dije por educación. Ma que salsita: era que estaban mal lavados.

–Entonces usted en vez de cocinar, seguramente camufla.

Me gusta el pescado sin gusto a pescado y el pollo sin gusto a pollo, la carne sin gusto a carne. Cuando voy al restaurante y veo el menú, seguro que no me gusta nada y termino pidiendo una milanesa de pollo así chiquita, bien finita, bien llena de pan. Es que si yo identifico el pollo, me da pena y no lo puedo comer. Y el pescado no me gusta, y eso que soy de Piscis; o a lo mejor no me gusta porque soy de Piscis. A las mollejitas con crema las hago, pero ni las pruebo. Cuando a alguien le gusta algo y es su plato preferido, lo hago igual y lo pruebo con los ojos cerrados.

–¿Existe algún plato que pueda comer tanto usted como sus invitados?

Las empanadas de carne. Picantes, crocantes y que chorreen hasta el codo.


   


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